El juego se llama seducir, quien se enamore pierde.
martes, 8 de noviembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
Sonreír vale la pena, no dejes que los problemas te amarguen. Saca esa felicidad que llevas dentro y disfruta. Haz como si todo fuera más fácil, mira los problemas con otra cara e intenta superarlos de la mejor manera posible, pero siempre sonríe, se feliz que nada ni nadie cambie tú sonrisa porque… es tú momento así que adelante ponte por delante de los demás y hazles ver que tú puedes ser feliz.
Camino en un mundo que me queda demasiado grande, en el que tengo miedo a tropezar,con la sensación de decepcionar si la verdad saliera a la luz. Con esa espinita de como será el mañana. Tengo un poco de miedo de mi y del mundo en el que vivo,tengo miedo hasta de mi sombra pero no tengo miedo de recordarlo, recordandolo acabo siendo feliz y yo por lo que me hace feliz ya perdi todos los miedos que cabian en mi.
El tiempo funciona sin pilas. Los trenes no esperan y se largan. Los capuchones de los bolígrafos se pierden. Las palabras son inversamente proporcionales a todo lo que queremos decir. La batería de los móviles siempre falla. Las miradas ya son sin compromisos. Las drogas un medio de vida. La música pierde interés por sus letras. Los ordenadores tienen un chip para no querer volver a encenderse cada dos años. Los zapatos se desgastan. El amor se denuncia por malos tratos. Los sueños siempre llegan con retraso. El pasado te hace rebobinar tu vida. Los días martes y trece conspiran contra a ti. Los besos se agotan. La esperanza desespera. Las leyes se imponen sin venir a cuento. El tabaco mata. Los lunes son odiosos. Las relaciones se destiñen. Los compromisos se desentienden. Las luces se funden. Tu maleta pesa más de la cuenta. Los autobuses marean. Los sentimientos se confunden. Los semáforos siempre se ponen colorados si los miras. Los bordillos están dónde no te los esperas. Las prisas te retrasan. Los momentos son instantes. Los perros ladran por que sí. Y los gatos son muy perros. Los tipos malos son muy malos y los tipos buenos no son tan buenos.
El tiempo funciona sin pilas. Los trenes no esperan y se largan. Los capuchones de los bolígrafos se pierden. Las palabras son inversamente proporcionales a todo lo que queremos decir. La batería de los móviles siempre falla. Las miradas ya son sin compromisos. Las drogas un medio de vida. La música pierde interés por sus letras. Los ordenadores tienen un chip para no querer volver a encenderse cada dos años. Los zapatos se desgastan. El amor se denuncia por malos tratos. Los sueños siempre llegan con retraso. El pasado te hace rebobinar tu vida. Los días martes y trece conspiran contra a ti. Los besos se agotan. La esperanza desespera. Las leyes se imponen sin venir a cuento. El tabaco mata. Los lunes son odiosos. Las relaciones se destiñen. Los compromisos se desentienden. Las luces se funden. Tu maleta pesa más de la cuenta. Los autobuses marean. Los sentimientos se confunden. Los semáforos siempre se ponen colorados si los miras. Los bordillos están dónde no te los esperas. Las prisas te retrasan. Los momentos son instantes. Los perros ladran por que sí. Y los gatos son muy perros. Los tipos malos son muy malos y los tipos buenos no son tan buenos.
Aprender a saborear la vida no siempre es fácil. La mayoría de veces nos limitamos a engullirla sin a penas descubrir lo que ella suscita. O lo que es peor, somos incapaces de probarla. Siempre he pensado que la vida está para ser triturada, desmenuzada, troceada, masticada y degustada al máximo. Sólo así seremos capaces de conocer su esencia.
Sabes que te quiero, que eres lo más importante para mí en esta vida, pero la verdad no sé cómo convencerte de que nunca vas a encontrar a alguien que te quiera una décima parte de lo que te quiero yo. Solo quiero que recapacites, que pienses en los momentos que hemos pasado juntos, quizás tú, los hayas visto como una simple amistad, pero yo no. No puedo verlos como una simple amistad porque yo sí te quiero, no como las demás.
Pido que estés conmigo para siempre, pido sentir el roce de tus labios con los míos, pido que tu olor quede impregnado en mi ropa cada día, pido que recorras todo mi cuerpo con tus labios, pido que cada mañana me saques esa sonrisa, pido que cada noche cuando nos vayamos a casa me beses con pasión, pido… Sí, puede parecer que pido muchas cosas, pero en realidad solo pido una: “Pido que me quieras”.
Eres un gilipollas, pero eres mi gilipollas.
Huir, esa fue la ultima palabra que se me hubiera pasado por la cabeza, nunca me había gustado huir de nada ni de nadie, pero ahí estaba mi mayor temor, el ejemplo que confirmaba la regla, estaba él, el que hacia que mis piernas temblasen como si debajo de ellas hubiera el mayor terremoto que jamás nadie podría haber imaginado, él, que al oír su voz se paraba el mundo, que al imaginarme sus labios rozando los míos, mi piel se convertía en la de una gallina con piel de gallina. Que si me dieran a elegir, una vida feliz y contenta o un segundo al lado suyo, elegiría el segundo para decirle en un suspiro que le quiero.
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